viernes, 6 de julio de 2018

La mala sangre

Crecí con la frase de mi padre "no te hagas mala sangre" y eso me ha llevado a tener un gran defecto, el aguante. Tengo una facilidad innata a tolerar y tragar situaciones que no debería con una empatía que, muchas veces, hace que llegue al límite. Soy capaz de llenar tanto el vaso que el vaciado me cuesta horrores, y en vez cabrearme al momento explotar y liberarme, aguanto un poco más, y un poco más y un poco más... hasta que aparece el gran problema: la decepción absoluta. Es entonces cuando desaparezco durante días.

Posiblemente pueda confundirse con rencor, pero no es así. Una vez consigo volver a mi estado de  "no hacerme mala sangre" sé perdonar y olvidar. El tema es lo largo que se hace pasar ese  trago, que además, lo suelo hacer sola. Y ahí aparece el segundo problema, la mala conciencia de no dar explicaciones ya que me resulta injusto tirar en cara cosas del pasado. Resumiendo, soy un cuadro.

Siento una profunda envidia de la gente que estalla al momento, libera y es capaz de volver a estar tranquila en cuestión de horas. Las personas temperamentales puede ser incómodas de llevar, pero estoy convencida que se evitan una cantidad de comidas de cabeza considerable. De verdad que creo que son unos auténticos privilegiados.









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