Suele decirse que el primer beso nunca se olvida pero en mi caso el tema no está tan claro. Y eso que no fui nada precoz ya que los 15 años proporcionan memoria suficiente para recordar todo tipo de detalles. Hasta esa edad poco me interesaban los chicos, era niña de enamoramientos platónicos y los terrenales me llamaban poco la atención.
De ese supuesto "mágico" momento tengo una amnesia selectiva curiosa. Soy capaz de recordar el lugar ( un puente sobre las vías del tren ), el mes ( agosto ), el color de su camiseta ( verde ) y de la repulsión que me dio ( ¿qué hace con la lengua? ). Pero soy incapaz de recordar ni la cara, ni el nombre, ni de dónde narices salió aquel chico. Después de intentar rebuscar por mi memoria creo que he llegado a la conclusión más posible. Debió ser un ligue de una noche, amigo de alguna amiga con el que bailé, y al despedirse y querer acompañarme a casa me planto el morreo que tan poca huella dejó en mí.
Supongo que le dejé hacer para experimentar que se siente ya que todas mis amigas habían pasado por ese momento. Y si con 15 años era como soy ahora, estoy convencida que no lo hice por el "ya me toca". Mis razones eran científicas y de ahí el pésimo resultado. Tener una lengua dentro para constatar teorías no es lo más inteligente. Pero las chicas de ciencias somos así, ofrecemos nuestro primer beso a la ciencia.
Tal fue la repulsión, y de eso si me acuerdo, que pensé que jamás me gustaría besar así a nadie. Me olvidé contemplar que en mi fórmula matemática faltaba una variable llamada "deseo" que hace que el resultado sea totalmente diferente. Suerte tuve que pronto llegó EL SEGUNGO con todos los factores necesarios para que la fórmula química se cumpliera y quisiera experimentar sin parar los diferentes niveles y posibilidades. Y de ese me acuerdo perfectamente, del cómo, del cuándo, y sobre todo del quién.
Ojalá siga besando así de bien.