Siempre que conozco lugares nuevos busco mi casa y aunque sea en el último momento acabo encontrándola. Es curioso eso de tener que localizar un hogar en cada pueblo o ciudad que visito. Supongo que si hay algún psicólogo que lea esto le daría una explicación, pero me resulta muy curioso buscar siempre morada allá donde voy.
Paseo por sus calles hasta encontrar el lugar perfecto y como tiendo a mirar siempre hacia arriba acabo encontrando mi ático soñado. Soleado, lleno de flores y en edificios antiguos con fachadas singulares. Tengo fotos de cada uno de mis hogares soñados y los guardo en un archivo llamado "Aquí".
De todos ellos hay dos que recuerdo con más cariño. Un ático estudio en el Trastevere, pequeño y con una terraza llenísima de plantas. Y el otro en el Barrio Alto en Lisboa, con la fachada enracholada algo decrépita y una cantidad de geranios multicolor que daba gusto verlo. Creo que en ambos vivían abuelas felices, esas plantas las delataban porque se notaba el cuidado de unas manos sabias y sin prisas.
Y yo sigo buscando.
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