jueves, 17 de mayo de 2018

LA CHICA QUE BUSCABA CABINAS

Una de las primeras cosas que recuerdo que me enseñó mi madre referente a los valores que debe tener una persona fue sobre la crueldad. Podría hasta describir su mirada de ese instante, posiblemente por eso me quedaron tan marcadas sus palabras.

Cuando con 16 años empecé a salir con gente que ella no conocía y conseguí alargar la hora de llegada a casa, se sentó frente a mí y me dijo " Tu hora de llegar son las 10, si por el motivo que sea te retrasas, busca una cabina y llámame. De la bronca y el castigo posiblemente no te libres, pero no seas cruel y no me hagas sufrir sin motivo. No lo hagas nunca conmigo ni con nadie".

Y así lo hice siempre. Si no llegaba a tiempo por alargarme con el noviete de turno, por estirar más el tiempo en la discoteca o porque no funcionaba el bus, buscaba una cabina y le llamaba. " Mamá llego un poco más tarde pero estoy bien".

Tengo que agradecerle mil cosas pero enseñarme a no ser cruel conscientemente ha conseguido hacerme la vida menos complicada y, por encima de todo, tener la conciencia bastante tranquila.

Era la chica que buscaba las cabinas. 

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